En paralelo al punto anterior, también debemos hablar de aquellos
gatos que han cambiado su forma de relacionarse con los humanos. Podemos
observar que el gato rehuye a ciertas personas, se marcha de la habitación cuando entra alguien o, directamente, no se relaciona con uno o varios miembros de la familia.
Es frecuente que los miembros de la familia manifiesten que el gato ya no les quiere como antes,
pues ya no hace algunas rutinas con ellos, como dormir o ser cariñoso.
También es probable que el felino evite mirar directamente a los ojos de
las personas o dejarse agarrar.
La falta o rotura de vínculo
puede producirse por muchos motivos, pero generalmente está provocado
por un manejo erróneo por parte del cuidador. No comprender el lenguaje de los gatos, forzarle a hacer algo que no desea o el castigo son algunos de los ejemplos que pueden provocar este problema.

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